Veterodoxia – Pepe Rey

Marchas fúnebres

Al fin, la música

Seguidamente, tal y como preveían las bases del concurso, se pasó a la interpretación de las obras premiadas junto con la lectura de las cartas que las acompañaban y explicaban los motivos que las habían inspirado. De la obra galardonada con el Primer Premio no puedo poner nada aquí debido a que está aún sujeta a derechos de autor y a que el mismo en la actualidad es un afamado compositor, que no tardaría en enviar la consiguiente factura a Veterodoxia a través de algún propio de la SGAE. Los veterodoxos en general -y el que esto escribe en particular- somos tan honrados como pobres y no podemos dilapidar nuestra magra pensión en semejantes dispendios. Por el contrario, puedo colgar y cuelgo no solo la partitura, sino también la primera grabación mundial de la Marcha Fúnebre para Pianoforte que recibió la Mención Especial, porque, como se verá más adelante, es ya patrimonio histórico artístico de la humanidad y puede ser disfrutada gratuitamente por cualquier persona humana que lo desee. En aquella ocasión la intérprete encargada de la ejecución fue la insigne pianofortista Dª Menchu Mendizábal, de la que resulta obligado incluir documento gráfico fehaciente:

En un primer momento el presentador quiso obviar la preceptiva lectura de la carta, para evitar que la ingenua y confiada ancianita se sintiera dolida por el tono grotesco que el acto había adquirido a partir de la intrusión de RP. Fue este quien le exigió que se cumpliera a rajatabla lo establecido en las bases del concurso. Palacios simultaneó la lectura, seria y grave, de la carta con la música interpretada solemnemente por Mendizábal, creando  formalmente una especie de melólogo con momentos de una profunda emotividad. Estaba seguro de que la pobre viuda estaría viviendo aquella situación desde su butaca con intensidad extrema. Por ello, tanto él como la pianista extremaban con sobreactuación los acentos patéticos  y más aún viendo que el grotesco RP hacía gestos ridículos que provocaban las risas del público, ignorante este del drama que se estaba desarrollando ante sus ojos pero en otro lugar de la sala poco visible. Así, cuantas más risas en el patio de butacas, más patetismos en el escenario y viceversa, produciéndose un imparable feedback. Si hubiera asistido algún crítico de los que ahora se usan, habría descrito cómo sus pelos se erizaban involuntariamente al compás (2/4) de aquella conjunción de elementos literarios y musicales amalgamados por la incuestionable verdad de la vida y la muerte.

Pongo a continuación la partitura, la grabación y la carta. Recomiendo al lector que active la reproducción de la música y, mientras la escucha, lea la emotiva misiva para hacerse una idea lo más aproximada posible de cuán tremendo que fue aquel mágico e irrepetible instante de auténtico arte ocurrido el 10 de marzo de 1983.

Primera grabación mundial de la Marcha Fúnebre para Pianoforte



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